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Escrito por Gabriela Pousa - www.perspectivaspoliticas.info
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Volver al teclado: una experiencia casi surrealista si se trata de analizar un escenario político donde abunda el grotesco y la “tomada de pelo”. Sin embargo, estamos como espectadores mansos en ese teatro. Frente nuestro, un solo protagónico y un exceso de actores de reparto que apenas se limitan a los aplausos. Parece que hiciese años que reasumió la Presidente en su segundo mandato (otra falacia si consideramos que su primer periodo fue una suerte de continuación del de su marido) En ese sentido, puede decirse sin equívoco que llevamos 9 años sometidos a este reinado. La costumbre nos ha ganado. De la noche a la mañana se esfumó la esperanza depositada en algunas voces opositoras que lograron ciertos cargos.
Todos callaron y algunos cayeron en la trampa del espectáculo montado. Esperan “su momento” que, paradójicamente, no suele ser el momento de los ciudadanos. Hace tiempo que la democracia argentina dejó de ser representativa. Hoy es una seudo democracia delegativa, guste o no aceptarlo. El año comenzó con un hecho político signado por la confusión: el “falso positivo” de un papelón. Desde entonces, lo que debiera ser una etapa de tregua o quizás de letargo, se vio sobresaltada por incoherencias y atropellos previsibles pero también desmesurados en el cómo y en el cuándo. La confusión y el papelón trashumaron a todos los campos. La Primera Mandataria decidió adoptar un rol estrictamente comunicacional. No soluciona nada más allá de las palabras. Declama, recita, cree dar cátedra. El gobierno así divide sus quehaceres: por un lado, la comunicación monopolizada por el relato. Por otro, el submundo de los negocios o negociados. Ambos aspectos están en muy pocas manos. El resto atiende contingencias ante la ausencia de políticas a mediano o largo plazo. La herramienta por excelencia de este nuevo período radica en la sistemática prohibición de todo acto y toda voz que puedan alterar el orden preestablecido de ante mano. Ausencia del clima democrático. Por ejemplo, la Presidente establece que el dólar debe mantenerse. Corolario: control absoluto de mercado. Medidas en apariencia populistas embebidas de falacias nacionalistas. En definitiva, otro engaño. Quiénes compran dólares en cantidad poseen armas propias para eludir los candados. El único afectado es el ciudadano común a quién se le ata las manos. Pero los dólares, finalmente y a pesar de los sabuesos, siguen escapándose. Ampulosos anuncios con resultados únicamente mediáticos. La realidad pasa por otro lado. El progreso, en boca de Cristina Kirchner, se palpa en récords tan falsos como el resto del relato. ¡País pujante porque cuatro o cinco días, y algún fin de semana largo, hay movimiento de autos hacia la costa atlántica! EL POST CONTINUA ACA
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